miércoles, 26 de junio de 2013

MICHAEL BURLEIGH (1955-)

Si tuviera que elegir dos palabras para definir la obra del historiador británico Michael Burleigh, éstas serían irritante y fascinante. No importa el orden.
Empecé leyendo a Burleigh por la que creo que es su primera obra traducida al español, El Tercer Reich. Una nueva historia (2000) y continué con Poder terrenal (2005) y Causas sagradas (2006), una crónica de la ósmosis —en los dos sentidos— de la religión y la política en Europa desde la Revolución Francesa. El paso al estudio del terrorismo (Sangre y rabia. Una historia cultural del terrorismo, 2008) era hasta cierto punto lógico, y su última obra ha sido Combate moral. Una Historia de la Segunda Guerra Mundial (2010). Así pues, las pasiones en la Historia son algo que le interesa mucho y precisamente su escritura es apasionada y en absoluto políticamente correcta. Burleigh no tiene pelos en la lengua y sus opiniones a veces pueden irritar, pero eso está bien. Por ello sus retratos no son complacientes, sino desafiantes, mirando de frente al objetivo, sin el ceño fruncido, pero con cierto rictus en los labios, como diciendo "no me importa que me des la razón, no me importa que me hagas caso, no me importa lo que pienses de mí,... pero lo que yo digo es importante".






martes, 25 de junio de 2013

JACQUES LE GOFF (1924-2014)

En un blog dedicado a la imagen del historiador no podía faltar el gran Jacques Le Goff. Por supuesto, grande en perímetro troncal, pero también en ese oficio intelectual que él ha sabido como nadie explotar. Así pues, ¡cómo no buscar imágenes de Le Goff, con su sempiterna pipa y su panza rebosante, fruto seguramente del sedentarismo necesario para digerir el milenio que dura una Edad Media, pero también del amor galo por la buena mesa! Nótese además cómo esa exuberancia física se traslada al espacio que le circunda, lleno, no, atiborrado de libros. No hay en estas palabras burla alguna o ironía malsana, sino la sincera admiración por el máximo exponente de la Historia de las mentalidades, por quien escribió títulos como La civilización del Occidente medieval (1964) o Los intelectuales en la Edad Media (1985).





PS: El 1 de abril, en el mes de la lluvia, se nos ha ido.

sábado, 18 de mayo de 2013

RAFFAELLA SARTI (1963-)

La verdad es que no sé hasta qué punto Raffaella Sarti es conocida en Italia. Profesora en una universidad menor, como es Urbino, sin embargo ha logrado que su Vita di casa. Abitare, mangiara e vestire nell'Europa moderna (1999) haya sido traducida a cinco lenguas, entre ellas el español (Vida en familia. Vivir, comer y vestir en la Europa moderna, crítica, 2002). Y lo cierto es que lo merece, porque es una preciosa síntesis sobre nuestros actuales conocimientos de la vida cotidiana en la Edad Moderna, y además hace honor al título, ya que es realmente un repaso a este tema por toda la geografía del continente. Al contrario que otros autores, normalmente anglosajones, no se queda ciñe a la realidad nacional, sino que trata a las sociedades europeas en su conjunto. Es lo que tiene saber idiomas y poseer honestidad intelectual.
No he logrado encontrar muchas imágenes de ella y su calidad suele ser más bien mediocre. Centrémonos, pues, en su obra.
 


 
 
 

viernes, 26 de abril de 2013

ORLANDO FIGES (1959-)

La primera vez que buceé en la Red para hallar el rostro de Orlando Figes me sorprendió inmediatamente su juventud. Ya había leído de él su La revolución rusa: la tragedia de un pueblo (1891-1924) y quedé luego fascinado por El baile de Natacha. Una historia cultural rusa, así que no pude por menos de preguntarme cómo era posible que hubiera tal madurez vital e intelectual en esas páginas. Y si dejamos las actuales obsesiones por el plagio, típicas de una sociedad que considera la cultura un mero bien económico, nos daremos cuenta que Figes no es sólo un magnífico escritor, sino también un gran historiador atento al lado humano del pasado, ése que casi siempre (más en el caso ruso) deriva en tragedia. Es precisamente con la tragedia del estalinismo, con Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin, en donde el humanismo y la humanidad de Figes se perciben con más claridad, en una narración que verdaderamente conmueve hasta lo más hondo.








sábado, 20 de abril de 2013

GEORGES DUBY (1919-1996)


En España conocimos a Georges Duby cuando apareció en la pequeña pantalla (en "La 2", por supuesto) presentando la adaptación televisiva de El tiempo de las catedrales, pero la "popularidad" entre el público culto se dio en realidad a raíz de su codirección de la Historia de la vida privada. José Mª Mínguez, catedrático de Historia Medieval en Salamanca y anclado en las formas y en los contenidos marxistas, meneaba la cabeza y criticaba con suavidad: «Y ahora Duby se dedica a hacer cosas menores...». Bueno, lo cierto es que la práctica de la Historia ha cambiado mucho desde los años 80 y ello se debe en gran medida a las "cosas menores" de Duby. Pero cuando pienso en él sobre todo se me hace presente la importancia que le daba a la palabra escrita, porque para él escribir Historia era hacer Literatura, como le declara a Guy Lardreau en una entrevista que luego se publicó como libro bajo el título de Diálogo sobre la Historia. Elegir la palabra, la frase, el ritmo, y así comunicar mejor los conocimientos era esencial en un autor que fue elegido miembro de la Académie y al que cada vez que leo me sigue produciendo el mismo júbilo que la primera vez al proporcionarme placer estético e intelectual.




viernes, 8 de marzo de 2013

CARLO GINZBURG (1939-2026)




Recuerdo cuando leí El queso y los gusanos. El cosmos, según un molinero del siglo XVI (Il formaggio e i vermi, 1976). La edición de Muchnik era pequeña y manejable, pero tenía un horrible sistema de notas y los capítulos venían simplemente numerados. Leí diligentemente las notas y escribí con una esmerada caligrafía los títulos de cada capítulo, que aparecían en el índice: quería mejorar todavía más aquella obra extraordinaria. Todavía no había acabado la carrera, pero por entonces uno ya empezaba a decantarse por qué tipo de Historia le gustaría hacer y precisamente aquello era lo que quería hacer. Luego, para bien o para mal, los archivos y la vida te llevan por otros derroteros, leí más obras de Ginzburg (Indagini su Piero, I benandanti...) pero Menocchio siguió siendo una referencia.
Bueno, pues aquí tenemos el rostro de Ginzburg, gesticulando como buen italiano, faltaría más, pero también con esa elegancia informal del Norte.

Fotografiado por Daniele de Marco
Fotografiado por Daniele de Marco










sábado, 23 de febrero de 2013

FERNAND BRAUDEL (1902-1985)

En 1985 estaba cursando el segundo año de la carrera cuando falleció Fernand Braudel. Mi profesor de Historia Medieval de entonces, Luis Mª Serrano Piedecasas, nos hizo aquella tarde un panegírico de la enorme figura que nos acababa de dejar, si bien se basó en una glosa a la lectura de un artículo de El País. Yo hasta entonces nunca había oído hablar de Braudel y de su Méditerranée, pero debo reconocer que las palabras de Piedecasas como mínimo despertaron mi curiosidad. No en vano, la asignatura que nos presentaba tenía un aire braudeliano, mucho más fascinante y evocador que el marxismo canónico imperante en ese momento en el Área de Hª Medieval. Ciertamente, la realidad de sus clases era luego mucho más decepcionante,... pero estoy divagando. Poco después adquirí a precio de saldo El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II, en la edición de Fondo de Cultura Económica, lo devoré y ¿cómo no iba a caer atrapado en sus redes? Luego pasó el tiempo, admiré su tenacidad al elaborar su tesis, leí más de él, admiré siempre su prosa y... también me distancié más de su forma de hacer Historia. Es cierto que todos deberíamos tender a hacer Historia total, pero también que el engarce entre los diversos niveles de la realidad no siempre es fácil ni comprensible, quizás algo que sólo estaba al alcance de él, mientras que sus pretendidos discípulos quedan muy lejos  Aun así, resta esa ambición del espíritu, esa pasión por el hombre y el paisaje, y esa bonhomía que parecen desprender sus retratos.

En sus años brasileños, un galán  de cine con cierto parecido a Claude Rains.