Mostrando entradas con la etiqueta Unión Soviética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Unión Soviética. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de abril de 2020

ANNE APPLEBAUM (1964-)

Anne Applebaum es una historiadora conservadora y lo demuestra bien en su indumentaria: clásica, elegante y amiga de las perlas. Pero este conservadurismo (formó parte del consejo editorial del Washington Post), muy alejado del populismo de derechas que representa Trump, no sólo no le impide ser una magnífica historiadora, sino que seguramente sea una de las razones de sus temas de estudio: el estalinismo y la Europa Oriental en los años del Telón de Acero. Al igual que Timothy Snyder, pero desde otro punto de vista ideológico, ha estudiado la destrucción sistemática de las sociedades (y los individuos) liberales y democráticas que emprendió el comunismo tras la II Guerra Mundial (El telón de acero. La destrucción de Europa del Este, 2012; Hambruna roja. la guerra de Stalin contra Ucrania, 2017). Otro aviso de la Historia.





domingo, 5 de abril de 2020

TIMOTHY SNYDER (1969-)

Timothy Snyder es uno de los historiadores jóvenes que antes han ascendido al Olimpo de los seguidores de Clío, ya que con sólo cuarenta años publicó Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin (2010), una excelente descripción de la desgraciada historia que les ha tocado sufrir a esos países del Este de Europa no diseñados por la geografía, sino por la mano del hombre. Ahora parece que anuncia el fin de la democracia si no se le hace caso, lo cual suele ser habitual entre los moralistas, más que entre los profetas. Ambas categorías no casan bien con la de historiador.
Aunque Snyder es norteamericano, su formación es británica y sobre todo tiene lo que parece que es una constante de los mejores historiadores de las últimas generaciones: es políglota. Querer decir algo sobre la historia reciente de Centroeuropa sin saber alemán, ruso o polaco está bien para profesores de instituto (entre los que me encuentro), pero no si uno quiere hacer algo serio de verdad.









domingo, 10 de enero de 2016

NEAL ASCHERSON (1932-)

Neal Ascherson no es un historiador profesional, sino un reputado periodista y ensayista británico (él diría escocés). Es cierto que estudió Historia en el King's College, en donde Hobsbawm, que fue su tutor, lo calificó como «quizás el estudiante más brillante que jamás he tenido» (Wikipedia dixit). Pese a sus brillantes calificaciones, Ascherson no optó por la carrera académica, algo que quizás debamos agradecer, porque eso le convirtió en un magnífico divulgador y no le restó en absoluto competencia profesional.
En español sólo hay traducido un libro suyo, lo que es una pena, porque su revisión sobre Escocia (Stone Voices, 2002), tiene una pinta magnífica, así como sus obras sobre Polonia, país que conoce bien. Pero su El Mar Negro (1995) compensa algo este desconocimiento suyo en España, porque es un libro insuperable, extraordinario, en donde la Historia se escribe con las mayúsculas que impone la civilización —no la historia social, la microhistoria, la historia de la vida cotidiana y otras zarandajas— y que te lleva a ese lejano y exótico apéndice del Mediterráneo en donde todo empieza y todo acaba, y lo hace desde los tiempos más remotos hasta los actuales. Lástima que no se incluyan las recientes aventuras expansionistas de la Rusia de Putin.

(1987)
¿Estudiante?
(2015)







jueves, 3 de septiembre de 2015

KARL SCHLÖGEL (1948-)

La influencia de la cultura alemana en las élites intelectuales occidentales ya no es lo que era, y esa endemoniada lengua ha dificultado aún más un amplio conocimiento de lo que se rumia al otro lado del Rin. Porque para el español medio actual Alemania es un espacio difuso en el que situar a Merkel, Mercedes-BMW-Audi, la cerveza y quizás alguna rubia modelo destronada por el paso del tiempo y las ucranianas. Pero hete aquí que de repente la editorial Acantilado publica la traducción de Terror und Traum (Terror y utopía. Moscú en 1937, orig. 2008) y uno no puede más que descubrirse ante esta obra monumental (más de 850 páginas, sin contar notas y bibliografía) que nos desvela una nueva visión del pasado soviético de Rusia. A base de pequeñas instantáneas de ese Moscú de los años 30, el lector va reconstruyendo una imagen en color de aquel mundo, lejos de las a veces burdas grisallas que de él nos ha legado la Guerra Fría. Pero tras cada sorpresa por los logros arquitectónicos o por la proezas aeronáuticas, tras la emoción colectiva de una sociedad que se creía utópica, siempre se esconde el horror. Schlögel lo desmenuza con una aparente frialdad al enumerar detenidos, desaparecidos, asesinados, muchos de los cuales gozaban el día anterior de todos los honores de ese desvarío llamado Unión Soviética. A veces me recuerda a la obra de James Agee, Elogiemos ahora a hombres famosos, cuando al periodista no le queda otra opción para hacernos sentir la pobreza que convertirse literalmente en notario fidedigno de lo que ve y redactar largas listas de objetos. Schlögel hace lo mismo, y en esa frialdad de las listas de las víctimas del estalinismo uno no puede menos que sentirse igual de conmovido que cuando lee las espléndidas páginas de Orlando Figes en Los que susurran.








viernes, 26 de abril de 2013

ORLANDO FIGES (1959-)

La primera vez que buceé en la Red para hallar el rostro de Orlando Figes me sorprendió inmediatamente su juventud. Ya había leído de él su La revolución rusa: la tragedia de un pueblo (1891-1924) y quedé luego fascinado por El baile de Natacha. Una historia cultural rusa, así que no pude por menos de preguntarme cómo era posible que hubiera tal madurez vital e intelectual en esas páginas. Y si dejamos las actuales obsesiones por el plagio, típicas de una sociedad que considera la cultura un mero bien económico, nos daremos cuenta que Figes no es sólo un magnífico escritor, sino también un gran historiador atento al lado humano del pasado, ése que casi siempre (más en el caso ruso) deriva en tragedia. Es precisamente con la tragedia del estalinismo, con Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin, en donde el humanismo y la humanidad de Figes se perciben con más claridad, en una narración que verdaderamente conmueve hasta lo más hondo.