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domingo, 10 de enero de 2016

NEAL ASCHERSON (1932-)

Neal Ascherson no es un historiador profesional, sino un reputado periodista y ensayista británico (él diría escocés). Es cierto que estudió Historia en el King's College, en donde Hobsbawm, que fue su tutor, lo calificó como «quizás el estudiante más brillante que jamás he tenido» (Wikipedia dixit). Pese a sus brillantes calificaciones, Ascherson no optó por la carrera académica, algo que quizás debamos agradecer, porque eso le convirtió en un magnífico divulgador y no le restó en absoluto competencia profesional.
En español sólo hay traducido un libro suyo, lo que es una pena, porque su revisión sobre Escocia (Stone Voices, 2002), tiene una pinta magnífica, así como sus obras sobre Polonia, país que conoce bien. Pero su El Mar Negro (1995) compensa algo este desconocimiento suyo en España, porque es un libro insuperable, extraordinario, en donde la Historia se escribe con las mayúsculas que impone la civilización —no la historia social, la microhistoria, la historia de la vida cotidiana y otras zarandajas— y que te lleva a ese lejano y exótico apéndice del Mediterráneo en donde todo empieza y todo acaba, y lo hace desde los tiempos más remotos hasta los actuales. Lástima que no se incluyan las recientes aventuras expansionistas de la Rusia de Putin.

(1987)
¿Estudiante?
(2015)







sábado, 27 de septiembre de 2014

GEOFFREY PARKER (1943-)

Llevaba ya un tiempo sin escribir algo, aunque siempre me estaban rondando la cabeza los magistrales hispanistas británicos, especialmente aquellos que surgieron en Cambridge y Oxford en torno a la figura de John H. Elliot. Y entre ellos destacaba, cómo no, Geoffrey Parker, al que me acerqué primero en su sintética y certera síntesis sobre Felipe II (1978), uno de los libros de cabecera de los modernistas del XVI desde hace treinta años. De la síntesis hemos pasado a la monografía exhaustiva en esa monumental biografía sobre el mismo monarca que publicó hace cuatro años, y ahora a un intento de Historia global con su El siglo maldito. Es esta obra magnífica una muestra de cómo la realidad (léase cambio climático) siempre influye en las elecciones y en las perspectivas de los historiadores, por si acaso a estas alturas había alguien que todavía pensaba en el gremio como seres que literalmente sólo viven en el pasado. Pero también es la demostración de que sólo en las universidades norteamericanas (Parker es catedrático en Columbus, Ohio) se puede hacer este tipo de Historia, pues sólo ahí disponen de los recursos suficientes para acumular fondos bibliográficos y tener investigadores que trabajen en equipo como Rubens en su taller. Aquí, sin dinero, sin libros, sin colaboraciones y casi sin ideas sólo podemos aspirar a ser pequeños Vermeer que pintan su entorno, nunca el paisaje que hay al otro lado de las ventanas.