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sábado, 11 de julio de 2026

CHRISTOPHER CLARK (1960-)

Si desde mediados del siglo pasado hasta la caída del Muro las escuelas historiográficas predominantes eran las francesas, hoy destacan sin duda alguna los anglosajones, y Cambridge tiene ahí una posición predominante. Christopher Munro Clark es uno de sus miembros más conspicuos. Me maravilla de él su poderosa narrativa y la ingente bibliografía que puede utilizar. En su Primavera revolucionaria (2023), una absoluta obra maestra sobre las revoluciones del 48, maneja obras en todos los idiomas de los países a los que afectaron estas convulsiones. ¿Será igual de fascinante en sus clases?    


En 2014.

2019. Imagen de Guido Werner.
Imagen de Thomas Meyer.
En 2022.
En 2025. Imagen de Fischer.




martes, 7 de abril de 2020

ANNE APPLEBAUM (1964-)

Anne Applebaum es una historiadora conservadora y lo demuestra bien en su indumentaria: clásica, elegante y amiga de las perlas. Pero este conservadurismo (formó parte del consejo editorial del Washington Post), muy alejado del populismo de derechas que representa Trump, no sólo no le impide ser una magnífica historiadora, sino que seguramente sea una de las razones de sus temas de estudio: el estalinismo y la Europa Oriental en los años del Telón de Acero. Al igual que Timothy Snyder, pero desde otro punto de vista ideológico, ha estudiado la destrucción sistemática de las sociedades (y los individuos) liberales y democráticas que emprendió el comunismo tras la II Guerra Mundial (El telón de acero. La destrucción de Europa del Este, 2012; Hambruna roja. la guerra de Stalin contra Ucrania, 2017). Otro aviso de la Historia.





martes, 31 de mayo de 2016

MARY BEARD (1955-)

Acabo de leer SPQR. Una historia de la Antigua Roma (2016) de la historiadora británica Mary Beard, a quien conocía de hace tiempo (y de oídas) por sus libros sobre el triunfo romano (2007) y Pompeya (2008). El azar, o el destino, ha querido que mientras estaba enfrascado en su lectura le fuera concedido el Premio Princesa de Asturias 2016 de Ciencias Sociales, de lo que me congratulo, aunque al principio me resultó un poco chocante. Es cierto que no soy especialista en la Historia de Roma, pero ¿es Mary Beard una investigadora tan importante como para que se le dé ese galardón? No lo sé. Posiblemente haya muchos más que merezcan esa distinción, pero cuando leí el acta del jurado el asunto empezó a despejárseme: «La obra de Mary Beard demuestra un extraordinario talento para convertir un saber especializado en conocimiento accesible y relevante para el gran público». Es decir, no sólo son los talentos como historiadora (que de sobra los tiene, y luego me referiré a ello), sino su faceta televisiva lo que la llevará a Oviedo rodeada de gaitas y panderetas. Porque Mary Beard ha presentado (e imagino que habrá escrito los guiones o parte de ellos) varios documentales de éxito de la BBC y Channel 4 sobre el mundo de los romanos. Creo que a Eduard Punset también debería entregársele este premio, puesto que siempre ha destacado por ser un extraordinario comunicador, en este caso del universo científico. Pero quizás él sólo presentaba en TVE. Y no lo digo irónicamente.
Por tanto, a los príncesas de Asturias, nobeles y demás hay que darles la importancia que tienen. No digo que ninguna, pero...
Y sin embargo, SPQR me ha gustado muchísimo. Un ensayo extraordinariamente bien escrito y que mira a la Historia de Roma —que la tenemos archiconocida— desde nuevos puntos de vista que te hacen pensar. Y vuelvo a lo de antes: los premios los conceden no por hacerte pensar, sino por salir en la tele y tener cierto impacto mediático, como se dice hoy en día.
Un pero al extraordinario talento de Beard y que es signo de los tiempos: la bibliografía comentada que ofrece al final no tiene en cuenta para nada a lo que se ha hecho en otros países y por otros autores no de lengua inglesa. ¿Dónde están los italianos y los alemanes? ¿Y los franceses? En Hispania, como se escribe en mal latín, tampoco aparecemos. Así que, después de haber leído sus reflexiones sobre cómo concebían su propio pasado los romanos y las alusiones al cinismo (yo diría ironía) de Tácito o  al sentimiento de superioridad griega frente al predominio romano de Plutarco, no puedo menos de pensar que todos hacemos la Historia que sabemos, que lo anglosajón no necesita de las provincias para interpreta el pasado y que hay muy pocos intentos honestos (Wickham, Chartier...) de hacer que en una Historia total quepan otras culturas, otras interpretaciones.

Jovencísima y soñadora en los años 70
En 1994 ya empezaba a descollar en el medio televisivo





¿Qué académico posaría así?












martes, 29 de marzo de 2016

BARBARA W. TUCHMAN (1912-1989)

«Si hubiera obtenido el doctorado, se habría ahogado cualquier capacidad de escritura.»
Estas palabras de la historiadora norteamericana Barbara Wertheim Tuchman lo dicen todo sobre ella: una mujer que renuncia al mundo académico por la Historia y la escritura. Ciertamente no figurará en los anales de la renovación historiográfica, como Natalie Z. Davies (sus obras son más bien narrativas y basadas en fuentes secundarias), pero a cambio cuenta con una legión de entusiastas lectores a los que habrá hecho retroceder virtualmente al pasado gracias a sus vibrantes y evocadoras páginas. No como Élisabeth Crouzet-Pavan, de quien he intentado leer Renacimientos italianos (1380-1500) (2007), una obra que no se sabe hacia dónde quiere ir, o llevarnos, una especie de soliloquio en voz alta con esa prosa insufrible que exhiben los franceses cuando quieren ponerse líricos, que es lo mismo que decir que no quieren ser entendidos y están orgullosos de ello. Y encima profesora en la Sorbona. Mientras, Barbara Tuchman lo hizo todo sin redes clientelares académicas ni ordenadores, con una máquina de escribir  y una amplia familia.








IAN KERSHAW (1943-)

Cuando comencé a leer su monumental biografía de Hitler (1998-2000), dos cosas me llamaron la atención. La primera fueron los subtítulos: Hibris ("orgullo") y Némesis ("muerte"), aunque luego el significado queda en manos del lector, que es quien se encarga de decidir si toda la locura de Hitler responde a ese concepto de soberbia fatídica que tanto respeto daba a los antiguos. La segunda cosa que me llamó la atención fue el leer en la introducción que la dirección de un proyecto de recopilación de fuentes de Historia medieval le ayudó a alejar esos demonios que le rondan a uno cuando tiene que estudiar el Mal. ¿Pero no era éste un experto en Historia contemporánea? Pues no, empezó en un campo, se fue a otro y no abandonó el primero. Y claro, yo lo comparaba con lo que conocía por estos aires, en donde los únicos todoterrenos son los profesores de Secundaria (no es por echarme flores), y me decía a mí mismo: ¡cuánto tenemos que aprender todavía! Es cierto que Kershaw es, en este sentido, único, pero no deja de ser un ejemplo.










jueves, 3 de septiembre de 2015

KARL SCHLÖGEL (1948-)

La influencia de la cultura alemana en las élites intelectuales occidentales ya no es lo que era, y esa endemoniada lengua ha dificultado aún más un amplio conocimiento de lo que se rumia al otro lado del Rin. Porque para el español medio actual Alemania es un espacio difuso en el que situar a Merkel, Mercedes-BMW-Audi, la cerveza y quizás alguna rubia modelo destronada por el paso del tiempo y las ucranianas. Pero hete aquí que de repente la editorial Acantilado publica la traducción de Terror und Traum (Terror y utopía. Moscú en 1937, orig. 2008) y uno no puede más que descubrirse ante esta obra monumental (más de 850 páginas, sin contar notas y bibliografía) que nos desvela una nueva visión del pasado soviético de Rusia. A base de pequeñas instantáneas de ese Moscú de los años 30, el lector va reconstruyendo una imagen en color de aquel mundo, lejos de las a veces burdas grisallas que de él nos ha legado la Guerra Fría. Pero tras cada sorpresa por los logros arquitectónicos o por la proezas aeronáuticas, tras la emoción colectiva de una sociedad que se creía utópica, siempre se esconde el horror. Schlögel lo desmenuza con una aparente frialdad al enumerar detenidos, desaparecidos, asesinados, muchos de los cuales gozaban el día anterior de todos los honores de ese desvarío llamado Unión Soviética. A veces me recuerda a la obra de James Agee, Elogiemos ahora a hombres famosos, cuando al periodista no le queda otra opción para hacernos sentir la pobreza que convertirse literalmente en notario fidedigno de lo que ve y redactar largas listas de objetos. Schlögel hace lo mismo, y en esa frialdad de las listas de las víctimas del estalinismo uno no puede menos que sentirse igual de conmovido que cuando lee las espléndidas páginas de Orlando Figes en Los que susurran.








martes, 30 de diciembre de 2014

JOSEPH PÉREZ (1931-2020)

Otra entrada para un hispanista, esta vez francés, aunque de orígenes españoles, pero no del exilio republicano. Quizás haya sido eso lo que le haya hecho decantarse por la España de los siglos XV al XVI, por la España del Siglo de Oro. Lo que es indudable es que escribe muy bien, con la claridad de lo sobrio y la equidistancia del que, aun simpatizando, ve los toros desde la barrera. 
Acabo de leer su primera obra sobre los comuneros (La revolución de las comunidades de Castilla (1520-1521), 1970) y es de esas tesis que ya no se hacen, fruto de horas y horas en los archivos y de momentos y momentos de reflexión. Igual que ahora, donde la tesis es el pasaporte a puesto universitario, no al conocimiento. O tempora, o mores!



En la entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2014