jueves, 30 de junio de 2016

RICHARD L. KAGAN (1943-)

Richard Lawrence Kagan, o Richard L. Kagan, es uno de esos hispanistas que en España sólo tienen predicamento a nivel académico. Y esto, a veces, con reservas. Quizás porque su obra es fundamentalmente académica y no ha tocado temas que sean a priori atractivos para el gran público: la educación, las ciudades, los historiadores... Únicamente su estudio sobre Lucrecia, una profetisa con derivaciones políticas en la España de Felipe II podría haber tenido un mayor impacto. Entre algunos historiadores se le ha criticado, en ocasiones, que sus conclusiones se basen en datos erróneos extraídos de oscuras publicaciones decimonónicas o sacados apresuradamente de los archivos sin haberlos contrastado a fondo. Por ejemplo, su Universidad y sociedad en la España moderna (1974) contiene muchos de estos errores, sobre todo cuando se cuentan estudiantes o se rastrean sus orígenes geográficos. Sin embargo, esta obra, que se publicó en español en 1981, supuso un antes y un después en la visión que teníamos de la educación en España en la Edad Moderna. Se abandonó plenamente el enfoque que se centraba en las glorias propias de cada centro académico para observar en su conjunto el panorama, y lo que se vio es que en los territorios que hoy conforman España se había producido una verdadera revolución educativa que llevó los estudios universitarios a amplias capas de la población.
Recuerdo, además, que cuando lo leí me encantó esa fluidez estilística que, por otra parte, está desprovista de cualquier artificio retórico. Y se leía muy bien. Su última obra sobre los cronistas sigue esta senda y sigue siendo un placer aprender (críticamente) y disfrutar de su magisterio.






miércoles, 22 de junio de 2016

MODRIS EKSTEINS (1943-)

Han tenido que pasar veinticinco años, un cuarto de siglo, para que en España aparezca por fin la traducción de La consagración de la primavera (1989) de Modris Eksteins, un libro que seduce y subyuga a quien lo lee. Por una vez, benditos sean los fastos conmemorativos de un hecho histórico que han hecho creer a algún editor que podría ser una buena idea publicar un ensayo cuya prosa llega a estar más cercana a lo lírico que al género histórico.
Eksteins es un historiador canadiense de origen letón y catedrático emérito de la Universidad de Toronto Scarborough








martes, 31 de mayo de 2016

MARY BEARD (1955-)

Acabo de leer SPQR. Una historia de la Antigua Roma (2016) de la historiadora británica Mary Beard, a quien conocía de hace tiempo (y de oídas) por sus libros sobre el triunfo romano (2007) y Pompeya (2008). El azar, o el destino, ha querido que mientras estaba enfrascado en su lectura le fuera concedido el Premio Princesa de Asturias 2016 de Ciencias Sociales, de lo que me congratulo, aunque al principio me resultó un poco chocante. Es cierto que no soy especialista en la Historia de Roma, pero ¿es Mary Beard una investigadora tan importante como para que se le dé ese galardón? No lo sé. Posiblemente haya muchos más que merezcan esa distinción, pero cuando leí el acta del jurado el asunto empezó a despejárseme: «La obra de Mary Beard demuestra un extraordinario talento para convertir un saber especializado en conocimiento accesible y relevante para el gran público». Es decir, no sólo son los talentos como historiadora (que de sobra los tiene, y luego me referiré a ello), sino su faceta televisiva lo que la llevará a Oviedo rodeada de gaitas y panderetas. Porque Mary Beard ha presentado (e imagino que habrá escrito los guiones o parte de ellos) varios documentales de éxito de la BBC y Channel 4 sobre el mundo de los romanos. Creo que a Eduard Punset también debería entregársele este premio, puesto que siempre ha destacado por ser un extraordinario comunicador, en este caso del universo científico. Pero quizás él sólo presentaba en TVE. Y no lo digo irónicamente.
Por tanto, a los príncesas de Asturias, nobeles y demás hay que darles la importancia que tienen. No digo que ninguna, pero...
Y sin embargo, SPQR me ha gustado muchísimo. Un ensayo extraordinariamente bien escrito y que mira a la Historia de Roma —que la tenemos archiconocida— desde nuevos puntos de vista que te hacen pensar. Y vuelvo a lo de antes: los premios los conceden no por hacerte pensar, sino por salir en la tele y tener cierto impacto mediático, como se dice hoy en día.
Un pero al extraordinario talento de Beard y que es signo de los tiempos: la bibliografía comentada que ofrece al final no tiene en cuenta para nada a lo que se ha hecho en otros países y por otros autores no de lengua inglesa. ¿Dónde están los italianos y los alemanes? ¿Y los franceses? En Hispania, como se escribe en mal latín, tampoco aparecemos. Así que, después de haber leído sus reflexiones sobre cómo concebían su propio pasado los romanos y las alusiones al cinismo (yo diría ironía) de Tácito o  al sentimiento de superioridad griega frente al predominio romano de Plutarco, no puedo menos de pensar que todos hacemos la Historia que sabemos, que lo anglosajón no necesita de las provincias para interpreta el pasado y que hay muy pocos intentos honestos (Wickham, Chartier...) de hacer que en una Historia total quepan otras culturas, otras interpretaciones.

Jovencísima y soñadora en los años 70
En 1994 ya empezaba a descollar en el medio televisivo





¿Qué académico posaría así?












lunes, 30 de mayo de 2016

DAVID ABULAFIA (1949-)

Comencé a leer algo de David Abulafia hace bastantes años, y no fue en español, sino en italiano. Era su biografía del emperador Federico II Hohenstaufen, un personaje que me parecía fascinante y al que asociaba con Castel del Monte, inspirado por la biblioteca de El nombre de la rosa de Eco. Era una obra académica y no me dejó mucha huella, hasta que años después leí (esta vez en español) su aportación a una obra colectiva sobre el Mediterráneo. Fue el aperitivo a El Gran Mar. Una historia humana del Mediterráneo (2011), una panorámica fascinante sobre este océano en miniatura, origen de todo (desde una perspectiva europea).
Abulafia es inglés, descendiente de sefardíes, profesor en Cambridge y aquí lo vemos resueltamente posando en su college (el Gonville and Caius), mientras oscila entre una mirada severa (¿para los que le hagan perder el tiempo?) y otra amistosa (para aquellos interesados en la Historia, espero).








martes, 29 de marzo de 2016

BARBARA W. TUCHMAN (1912-1989)

«Si hubiera obtenido el doctorado, se habría ahogado cualquier capacidad de escritura.»
Estas palabras de la historiadora norteamericana Barbara Wertheim Tuchman lo dicen todo sobre ella: una mujer que renuncia al mundo académico por la Historia y la escritura. Ciertamente no figurará en los anales de la renovación historiográfica, como Natalie Z. Davies (sus obras son más bien narrativas y basadas en fuentes secundarias), pero a cambio cuenta con una legión de entusiastas lectores a los que habrá hecho retroceder virtualmente al pasado gracias a sus vibrantes y evocadoras páginas. No como Élisabeth Crouzet-Pavan, de quien he intentado leer Renacimientos italianos (1380-1500) (2007), una obra que no se sabe hacia dónde quiere ir, o llevarnos, una especie de soliloquio en voz alta con esa prosa insufrible que exhiben los franceses cuando quieren ponerse líricos, que es lo mismo que decir que no quieren ser entendidos y están orgullosos de ello. Y encima profesora en la Sorbona. Mientras, Barbara Tuchman lo hizo todo sin redes clientelares académicas ni ordenadores, con una máquina de escribir  y una amplia familia.








IAN KERSHAW (1943-)

Cuando comencé a leer su monumental biografía de Hitler (1998-2000), dos cosas me llamaron la atención. La primera fueron los subtítulos: Hibris ("orgullo") y Némesis ("muerte"), aunque luego el significado queda en manos del lector, que es quien se encarga de decidir si toda la locura de Hitler responde a ese concepto de soberbia fatídica que tanto respeto daba a los antiguos. La segunda cosa que me llamó la atención fue el leer en la introducción que la dirección de un proyecto de recopilación de fuentes de Historia medieval le ayudó a alejar esos demonios que le rondan a uno cuando tiene que estudiar el Mal. ¿Pero no era éste un experto en Historia contemporánea? Pues no, empezó en un campo, se fue a otro y no abandonó el primero. Y claro, yo lo comparaba con lo que conocía por estos aires, en donde los únicos todoterrenos son los profesores de Secundaria (no es por echarme flores), y me decía a mí mismo: ¡cuánto tenemos que aprender todavía! Es cierto que Kershaw es, en este sentido, único, pero no deja de ser un ejemplo.










sábado, 5 de marzo de 2016

JOHAN HUIZINGA (1872-1945)


«Un partidario de la radio y de la película como medios de enseñanza ha escrito un libro: The decline of the written word (El ocaso de la palabra escrita), en donde, con alegre convicción, vaticina un porvenir próximo en el cual los niños se alimentarán con reproducciones cinematográficas y con palabras habladas. ¡Enorme paso hacia la barbarie! ¡Eficacísimo medio para paralizar en la juventud el pensamiento y mantenerla en estado de puerilidad y además, probablemente, sumergirla en profundo aburrimiento!
La barbarie no sólo puede coexistir con una elevada perfección técnica, sino que puede ir unida también a la general difusión de la enseñanza pública. Inferir el grado de la cultura por el retroceso del analfabetismo es ingenuidad de un período ya superado. Cierta cantidad de conocimientos escolares no garantiza en ningún modo la posesión de la cultura.»
Sirvan estas palabras de Johan Huizinga en su Entre las sombras del mañana (1935) para describir lo que fue y ya no es: lo que se consideraba que debía ser y defender un intelectual en los años 30. Suena a paradójico en un autor que hizo de la imagen un referente del análisis histórico (léase, si no, El otoño de la Edad Media, 1919), pero lo cierto que sus libros no estaban ilustrados y describen las imágenes con palabras. Así que hoy día se ratificaría en sus intuiciones, en ese aburrimiento de los alumnos ante el conocimiento, que debe ser visual y fácil de digerir, poco conceptual y divertido. Desde hace más de veinte años el sistema educativo, los gobernantes, los docentes y la sociedad hemos estado ampliando los límites cuantitativos de la educación, pero hemos estrechado los cualitativos, así que ahora nos arrojamos a los seductores brazos de la tecnología y fiamos en ella la felicidad y el provenir de nuestros jóvenes.
Al margen de todo este excurso, Huizinga es un clásico y una delicia.